«Cuando gané el Campeonato de España de Motos de Agua, el primero al que llamé fue mi padre y le dije: "Papá, acabo de ganar el Campeonato de España" y mi padre me dijo: "No me digas, hijo, que ahora corres maratones". "No, papá, de motos de agua", le dije. “¿Cuántos discapacitados había?", me preguntó. Y entonces pensé: “Si no había ninguno, si yo he ganado es que tampoco lo soy”».
Antonio ‘Toñejo' Rodríguez resume así, en esta anécdota, su historia de superación personal. La de alguien que, a los 16 años, comenzó su carrera deportiva en la categoría juvenil de Motocross.
Que a los 25 años ganó el Campeonato de España de Quads y a los 27 años un accidente le dejó parapléjico. Pero que, a pesar de vivir sentado en una silla de ruedas, ha sido el primer español en correr en la Fórmula 1 de moto náutica.
Ha sido campeón de España y subcampeón del mundo de motos de agua, ha participado en el Dakar, el Mundial de Acapulco, la Copa del Rey o la Baja California. Ha sido campeón de España y subcampeón del mundo de motos de agua. Actualmente vive en Estados Unidos.

En la Universidad de La Rioja ha participado, por un lado, en la Microcredencial ‘Entrenamiento inclusivo: Competencias para la práctica profesional’, junto a otros deportistas con diversidad funcional como Fernando Riaño, Luis Miguel López ‘Luismi’, Juan José Rodríguez, Nacho Ruiz y Ainhoa Oroquieta.
Por otro, transmitiendo sus diarias ganas de superación con la conferencia ‘Yo dejé de caminar para empezar a volar’ a los estudiantes de la Universidad de La Rioja, organizada por la Cátedra de Inclusión y Equidad Educativa de la Consejería de Educación y Empleo del Gobierno de La Rioja.
¿Cómo es la preparación, desde una silla de ruedas, para ser campeón del mundo? «Muy dura, la verdad», resume. «Lo que pasa es que, como tienes tanta pasión y tanta ilusión, pues se lleva muy bien, pero tienes que entregar mucho, tienes que trabajar mucho».
Y pone un ejemplo: «Nado todos los días de mi vida, y luego yo vivo en Estados Unidos. Mi edificio tiene seis plantas de garaje. Y yo, el lunes, miércoles y viernes, subo las seis plantas de garaje como si fuera un coche con la silla. Cuando llego arriba, levanto los brazos como si fuera Rocky, os lo prometo».
«Nado todos los días de mi vida, y luego yo vivo en Estados Unidos. Mi edificio tiene seis plantas de garaje. Y yo, el lunes, miércoles y viernes, subo las seis plantas de garaje como si fuera un coche con la silla»
Sobre las barreras que, personas como él, se encuentran en el día a día explica que «está mal lo que voy a decir, pero yo creo que los primeros que tienen la culpa es la familia», un pero que tiene explicación
«Yo tengo la suerte de tener una familia a la que no le he hecho ni caso, pero la familia, cuando tú te rompes la espalda, quiere es protegerte. Si tú te caes, te van a recoger. Vas en el coche y cuando vas a subir la silla, siempre hay alguien alrededor que te ve y te quiere ayudar; y no se da cuenta que te está perjudicando».
En cambio, «si tú vives solo, eres una persona autónoma, pero si te están protegiendo al final crees que no puedes» por lo que, concluye, «la sociedad, a veces, puede hacer que uno se sienta más limitado o no», aunque reconoce que «ahora la gente está mucho más concienciada que si ya no es discapacidad. Hace 35 años, cuando yo me rompí la espalda, esto era un mundo».
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