Ha llegado un momento en el que la verdad científica no es suficiente. En el que explicar y argumentar desde la solidez que aporta la ciencia y los datos que de ella emanan tiene mucha menos repercusión que las falacias de un charlatán en redes sociales. «Si la opinión pública va hacia el negacionismo, hacia la mentira y hacia la ignorancia, todo está perdido», lamenta Javier García Martínez, doctor Honoris Causa por la Universidad de La Rioja.
El químico riojano (Villamediana de Iregua, La Rioja, 1973), catedrático de Química Inorgánica por la Universidad de Alicante, ha participado este viernes en la última jornada de la XI Escuela de Verano sobre Historia de la Química ‘Cuando la Química se hacer Arte’ de la Universidad de La Rioja. La mala noticia, ha dicho sobre esa pelea por la verdad es que «estamos perdiendo la batalla, porque pensamos que solo con evidencias, solo con datos convencemos»; la buena, que hay esperanza: «la ciencia tiene un gran reto por delante: hacerse más humana, escuchar más a la sociedad».
«Respondemos con evidencias, dando los datos, dando también las soluciones. La química nos permite conocer las causas del cambio climático y nos da nuevas soluciones, nuevos combustibles, nuevas alternativas, el hidrógeno verde… En esta batalla contra las fake news y contra el negacionismo hay mucho que aprender sobre cómo comunicar mejor y cómo dar evidencias para las políticas públicas, para que ciencia y política estén alineadas y permitan que avancemos», ha defendido García.
«Hay que involucrar y aprender de otras disciplinas, de las ciencias sociales, la psicología, la comunicación. Comunicar a partir de historias y emociones»

El químico riojano ha recordado que este junio ha sido el mes más cálido de la historia lo que demuestra que no es un error pensar que cada año tenemos que asumir que el cambio climático cada vez es más grave. Y en ese escenario, la química tiene mucho que decir, «no solo para entender por qué se está calentando el planeta, sino sobre todo qué soluciones concretas podemos dar al planeta para que esto pare», porque ahí reside el gran valor de su disciplina: «La ciencia estudia la naturaleza, pero la química, además, la transforma. Lo que queremos es que la transforme de forma responsable y sostenible».
Pero, ¿por qué se niega la evidencia científica? Sin verdades absolutas, García apunta que «quizá se niega la evidencia porque está asociada luego también a un cambio de comportamiento: utilizar menos el coche, comer menos carne roja, hacer más ejercicio. Frente a lo que nos exige algo existe siempre un primer rechazo».
Así, la clave pasa, por un lado, por «escuchar, involucrar y aprender de otras disciplinas, de las ciencias sociales, de la psicología, de la comunicación. Comunicar a partir de historias y emociones» y por la formación, que «nuestros chavales tengan esa pasión por entender la naturaleza y también por hacerla mejor».
«El método científico es parte del programa de estudios ya desde Primaria y quizá sea más importante explicarles cuáles son las razones científicas de cambio climático, de la vida diaria, cómo la ciencia está en la pasta de dientes, cómo la ciencia está en el teléfono móvil, cómo es algo que va más allá del libro de texto... En ocasiones sienten la ciencia como una colección de problemas. También habría que comunicársela a los más pequeños de otra forma. En Logroño, por ejemplo, tenemos la suerte de contar con la Casa de las Ciencias. Yo invito a todos los papás que vayan con sus niños y vean ahí por qué la ciencia está tan presente en todo lo que hacemos y no solamente en los libro», ha completado.
Josefina Pérez: «Desde la química analítica podemos ver cómo son esos materiales y qué nos están contando de la historia»
La profesora titular de Química Analítica de la Universidad de Zaragoza, Josefina Pérez Arantegui, abrió la sesión con la conferencia 'Conocer para conservar: desvelando secretos del patrimonio', en la que explicó cómo la química analítica permite caracterizar qué hay detrás de los materiales de patrimonio. Pérez Arantegui detalló que su investigación se ha centrado especialmente en cerámicas de la antigüedad y en objetos procedentes de excavaciones, como piezas metálicas, restos de cosméticos o utensilios de cocina, además de pinturas y materiales de estampación.
Según señaló, el análisis químico de estos materiales permite determinar cómo se produjeron, de dónde proceden las materias primas y cómo se han alterado con el paso del tiempo, información fundamental para su conservación. «Desde la química analítica podemos ver cómo son esos materiales y qué nos están contando de la historia», afirmó, al tiempo que matizó que, en su caso, el objetivo no es datar las piezas, sino interpretar su composición y su origen, dejando la datación a otras técnicas específicas como el carbono 14 u otros isótopos
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