En su investigación, Luena López pretende completar el modelo clásico del Rioja con el fin de demostrar que el Antiguo Régimen es, en el mudo de la agricultura, un régimen de privilegios y de mantenimiento de tradiciones.
Así, pretende demostrar que la expansión del Rioja hasta llegar a una agricultura comercial fue sólo patrimonio de unos pocos núcleos de población donde coincidieron las mejores condiciones: oligarquía de hacendados hidalgos con tierras suficientes para destinarlas a la viña, facilidad para la comercialización y una amplia tradición tardomedieval.
En cuanto a los casos estudiados, Logroño estaba ya suficientemente documentado y simplemente hace referencia a la dependencia económica de las aldeas próximas -como Alberite- respecto a su oligarquía vinatera.
Cenicero apunta otra de las condiciones que se dan en el marco del Rioja clásico, como es la propiedad de los medios de producción y almacenamiento en manos de los hacendados, propietarios de bodegas, lagos y prensas.
El caso de Ollauri es semejante al de Alberite, pero respecto a Haro, más viña y tradición vitivinícola. La familia Paternina representa el típico modelo de hacendado noble. La bodega sigue en pie y aparece en el catastro de 1752. Jovellanos menciona en sus diarios la relación con el hijo, también gran propietario en Fuenmayor.
Pradejón y Quel son casos que se apartan del modelo clásico. En Quel se producía de forma escasa, para el autoconsumo, aunque paradójicamente tuvo una aguardentería, propia de los excedentes del vino.
Pradejón representa el mundo de la tradición en el que no hay mercado. Aunque aumentó mucho la viña, ni siquiera pudo producir lo que necesitaba. Al ser un pueblo en expansión, con mucha tierra a disposición de los vecinos, la viña no dejó de aumentar.
En su investigación, César Luena trata de demostrar que el vino en el Antiguo régimen no es sólo el que desemboca en el Rioja clásico. En este sentido, aporta información sobre una serie de pueblos donde hoy la viña no se cultiva o se cultiva de forma marginal, pero que en el s.XVIII paliaba al menos la necesidad del consumo de todos los pueblos.
Los vinos estaban sujetos a grandes impuestos que los pueblos evitaban produciendo su propio vino aunque fuera en condiciones de muy baja producción y de dudosa calidad. Éste es el caso de Anguiano, Bobadilla, Leza, Viguera, Jubera, el alto valle de Ocón, Grávalos, Berceo, Santurde e incluso Torrecilla. Badarán es la excepción, ya que hoy está muy integrado en la DOC Rioja a pesar del abandono que se produjo en pueblos cercanos por los riesgos del clima
Premio al mejor expediente de Humanidades, César Luena concluye que el Rioja de los hidalgos es un sistema cerrado que tuvo que evolucionar en las mejores condiciones que ofrecía el valle pero que en torno a él siguió desarrollándose un sistema tradicional, cultural, de estas tierras de La Rioja que desde hace cientos de años han hecho del vino un producto emblemático.
En unos lugares fue estimulado por el mercado, en otros por la tradición, en todos porque al fin y al cabo el vino constituyó para los pueblos durante mucho tiempo el único producto embriagante y facilitador de la sociabilidad, la fiesta y la tradición.