Un equipo científico internacional, en el que participa el investigador de la Universidad de La Rioja Adrián Páramo Blázquez, ha logrado reconstruir la forma de correr y estrategias locomotoras de algunos de los dinosaurios carnívoros más rápidos que se conocen. El uso de fotogrametría de alta definición ha permitido desarrollar un nuevo enfoque en el estudio de las huellas fósiles de estos animales, conservadas en los yacimientos de Igea (La Rioja).
En la investigación, liderada por Ignacio Díaz Martínez (Universidad de Cantabria), han colaborado también miembros del Equipo Garras (Centro Paleontológico de Igea) y de las universidades del País Vasco, Zaragoza y Complutense, así como investigadores de Estados Unidos, Brasil, Italia y Argentina. Los resultados han sido publicados en la revista Scientific Reports (Grupo Nature).
Adrián Páramo Blázquez, paleontólogo del Grupo de Computación Científica (GRUCACI) de la UR, ha contribuido en las tareas de limpieza de los yacimientos, digitalización mediante fotografía y reconstrucción tridimensional de las icnitas, así como en el análisis y revisión del artículo científico, del que es coautor.
El estudio analiza en detalle dos rastros excepcionales de dinosaurios terópodos de tamaño medio del Cretácico Inferior, conservados en los yacimientos de La Torre 6-A y 6-B, en Igea (La Rioja). Mediante el análisis tridimensional de las huellas, los investigadores han comprobado que la forma de las pisadas registra distintas fases de la carrera y cambios en la postura del animal, incluso cuando los rastros fueron generados sobre la misma superficie y en condiciones prácticamente idénticas.

Las huellas, impresas hace unos 120 millones de años, pertenecen a algunos de los dinosaurios carnívoros más rápidos documentados hasta ahora en el registro fósil mundial. Estudios previos ya habían estimado que estos animales alcanzaron velocidades de entre 35 y 40 kilómetros por hora, lo que los sitúa entre los tres dinosaurios más veloces conocidos. El nuevo trabajo da un paso más y relaciona esas velocidades extremas con la posición del pie, la distribución de las fuerzas y la localización del centro de masas durante la carrera.
Estos rastros se conocen desde la década de 1980, cuando se observó que la gran distancia entre las pisadas indicaba claramente que los dinosaurios que las produjeron se desplazaban a la carrera. En 2021 se retomó su estudio y se recalcularon las velocidades alcanzadas por estos animales. Ahora, actual trabajo ha permitido analizar con detalle la forma de cada huella y comprobar que no todas se imprimieron de la misma manera: algunas registran únicamente los dedos, mientras que otras conservan también la parte posterior del pie.
Las huellas, impresas hace unos 120 millones de años, pertenecen a algunos de los dinosaurios carnívoros más rápidos documentados hasta ahora en el registro fósil mundial.
El trabajo se centra en dos rastros producidos por terópodos de tamaño y morfología similares, que corrían sobre el mismo tipo de sedimento. Sin embargo, uno de ellos muestra huellas formadas casi exclusivamente por las puntas de los dedos (digitígrados), mientras que el otro conserva impresiones más completas con participación del metatarso. Según el equipo investigador, estas diferencias reflejan cambios dinámicos en la forma de correr de los dinosaurios.
Estas variaciones se interpretan como el resultado de cambios en la postura del animal y en la posición de su centro de masas: cuando el centro de masas está más adelantado, el dinosaurio apoya sobre todo los dedos, dejando una huella más digitígrada; cuando está más retrasado, la huella recoge una mayor superficie del pie, dejando impresa una huella más plantígrada. Es uno de los pocos ejemplos en el mundo donde podemos observar estas diferencias dentro de un mismo yacimiento y en rastros prácticamente coetáneos.

Para alcanzar estas conclusiones, el equipo utilizó modelos tridimensionales de alta resolución, obtenidos mediante fotogrametría, que permiten medir con gran precisión la geometría y la profundidad de cada pisada. Este enfoque hace posible reconstruir distintas fases de la carrera a partir de pequeños detalles conservados en las huellas fosilizadas.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios se habían centrado en calcular la velocidad a partir de la longitud de la zancada y la aplicación de fórmulas matemáticas. En este trabajo, en cambio, se vincula esa velocidad con la distribución real de las fuerzas sobre el suelo, centrándose en la manera en que el animal ejercía tracción cuando corría a máxima velocidad.
El estudio es el resultado de una amplia colaboración internacional y se apoya en décadas de trabajo de campo en la cuenca de Cameros en La Rioja, una de las regiones con mayor concentración de huellas de dinosaurio del mundo. Los resultados refuerzan el valor de estos yacimientos como un laboratorio natural único para comprender la biomecánica, el comportamiento y la evolución de los dinosaurios.
Este trabajo ha sido posible gracias a la pertinente autorización del Servicio de Patrimonio dependiente de la Dirección General de Cultura del Gobierno de La Rioja.
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