José García Alfonso, presidente de la Asociación para el Estudio de la Semana Santa, presentará el acto organizado por el Vicerrectorado de Estudiantes y la Asociación para el Estudio de la Semana Santa.
Nacidas en torno a la organización gremial, las cofradías y hermandades han llegado a nuestros días superando censuras, cambios sociales, imposiciones políticas, incluso de la jerarquía eclesiástica. La mayoría de las cofradías históricas ha desaparecido, sobre todo las de las ciudades, y las que se mantienen han olvidado su primitiva finalidad. Prácticamente todas las que ha conseguido sobrevivir lo han hecho gracias a su participación en las procesiones de Semana Santa, lo que durante los primeros siglos, sólo fue un acto más -y no el más importante- de su amplio y variado ritual.
El Barroco sacó a la calle todos los signos de religiosidad que se negaban en los países protestantes. Las portadas de las iglesias se transformaron en un retablo mayor, con la virgen en el lugar central y el juramento a la inmaculada concepción expreso -por citar signos fácilmente comprobables en la propia catedral de Logroño-; las procesiones de Semana Santa pasaron de ser un desfile de disciplinantes -como los picaos de San Vicente, inexplicablemente vivos, pues la Iglesia lanzó constantes prohibiciones contra esa práctica, habitual en todos los sitios en los siglos XVII y XVIII- a un complejo montaje teatral como indica el término “paso”.